Historia

Recorrer la cancha y no conocer de las raíces que le dieron vida y luego la hicieron parque, recuperada, construida y surgida de una extensa variedad de árboles no perecederos y mejorada con el llover de sus truenos, diseñada e iluminada con conocimientos de teoría, práctica e investigación en el entendimiento de una historia, una tradición y una atmósfera natural y surgida del abono y mantenimiento dedicado de sus habitantes, donde debe reinar la más completa armonía con el ambientey un paisaje autóctono fortalecido, es como no haber pasado por ella.

Izcaragua Country Club partió de una buena base, por un lado una historia que data desde 1715, como una hacienda de más de 200 hectáreas de extensión utilizada como plantación de la Compañía Guipuzcuana, y cuyo nombre proviene de los indígenas que le daban ese nombre a la tierra donde abunda el agua. La Hacienda Izcaragua siempre ha sido un refugio de la fauna y exuberantes especies de flora de la región y para llegar a la Hacienda los visitantes debían pasar 14 pasos de ríos desde la ciudad de Caracas y recorrer la carretera durante unas tres o cuatro horas. Ubicada en los valles del sur de la Cordillera de la Costa, ésta fue en sus inicios una zona agrícola por excelencia. Así la Hacienda fue dedicada al principio al cultivo de uvas, más tarde de tabaco y caña, y posteriormente se convirtió en la principal procesadora de café de la zona. Desde comienzos de siglo la Hacienda pasó a manos de varias familias que la explotaron en forma agrícola como los Proege, los Brandt, los Vallenilla, los Trujillo, los Mata y los Schilk, desarrollado a comienzos de 1972, cuando llega a manos de los promotores y constructores, Tulio Pérez Planchart, Martín Feo, Francisco Sucre y Miguel Vegas S., quienes comenzaron la construcción en el '79 y conformaron su primera Junta Directiva del Club en 1982, cuando fue inaugurado formalmente, aunque no es sino hasta 1990 cuando los promotores entregan a los socios la totalidad de las acciones.

En esta importante extensión de terreno fue concebido el Club Izcaragua, cuya planificación de sus instalaciones fueron de orden minucioso, contratando para ello a los mejores especialistas en cada área. En primer lugar y en honor a su historia, era menester conservar el estilo de la Casa Colonial con su exquisita arquitectura del siglo XVIII, la cual fue restaurada por el reconocido arquitecto y experto en obras coloniales Graziano Gasparini para dar sustento a esa tradición, tras planificar meticulosamente la restauración.

Fue reconstruida por primera vez en 1831, cuando las circunstancias de la época llevaron a sus propietarios a orientar la empresa hacia otras actividades, pero la reconstrucción premeditadamente más fiel de la casona comenzó en 1983, para restituir su original diseño y particulares características de nostálgicos ambientes.
Izcaragua se orientó hacia los gustos más exigentes, profesionales con familias, dirigido a todas las edades y con un sin fin de actividades de club que lo presentan con las mejores instalaciones entre los clubes capitalinos, el cual utiliza la mayor parte de su terreno, definido por un pequeño valle de áreas verdes vírgenes, para una cancha de golf pintada a base de buen gusto y sentido de la estética geográfica del lugar.

 

Esta orientación proviene del reconocido diseñador de canchas de golf, Joseph L. Lee, arquitecto del Grupo Disney y conocido además por su participación en otras canchas del país, además de lo que le significó la escuela de haber trabajado aliado de una institución en el diseño de canchas de golf, como lo fue Dick Wilson. De igual modo, su trabajo estuvo apoyado por el reconocido brasileño Roberto Burlemarx, arquitecto paisajista que también trabajó en Lagunita.

considerado como uno de los más importantes profesionales en el área, destacados por su trabajo en Brasilia, Río de Janeiro y áreas del Edificio de las Naciones Unidos en New York. Los primeros hoyos quedaron listos en 1981 y en 1984 se completó la cancha. Del campo se ha hablado mucho, pero hay que reconocer que es uno de los más bellos de Venezuela, al tiempo de ser una prueba exigente para cualquier golfista, hasta el punto de ser considerada como el de mayor dificultad en el país. Su recorrido requiere de mucha precisión, sentido de golf y mucha paciencia para poder sortear sus 18 hoyos, 13 de los cuales tienen agua, lo que lo convierte en un campo muy penado para el que se equivoque, que sumado a sus múltiples inclinaciones del terreno original, se le devuelve al golf su sentido original, todo lo cual pone a prueba particularmente a los mejores.

Unieron las experiencias y conocimientos, vocación conservacionista y voluntades en esta delicada empresa la señora Valentina García de Feo, Carlos Duarte, David García Miranda y el maestro de obras José Garrido, además de los anteriormente mencionados.

Son muchas las anécdotas de vivencias relacionadas a estas tierras que confirman este hecho trascendente, que para muestra, los hechos y helechos nutren la curiosidad: Simón Bolívar pasó por Izcaragua al término de la Primera República. Tal vez el aspecto más significativo en función de la historia de Izcaragua, lo constituye el pasó de Simón Bolívar por ellas, en su salida a Oriente, al término de la Primera República, cuando hizo un alto en la Hacienda Izcaragua, donde tuvo, incluso, oportunidad de bañarse con sus tropas en las cristalinas aguas de los varios ríos que aún surcan la propiedad. Izcaragua ha sido escenario de la pintura de Federico Brant. De igual modo, la Hacienda Izcaragua constituyó residencia y hospedaje de importantes figuras y familias de nuestra historia.

Entre ellas destaca el ilustre pintor Federico Brant, quien refleja en sus obras los hermosos paisajes de la hacienda, que por una temporada perteneció a la familia. Años más tarde habitaron la mansión sus hijas también grandes artistas plásticas Julia Brant de Márquez y Mery Brant de Villanueva. Arturo Uslar Pietri de joven recreó su mente en la Hacienda Izcaragua.

Se conoce que el doctor Arturo Uslar Pietri, de joven y antes de contraer matrimonio con Doña Isabel Uslar, hizo de esta hacienda un lugar de recreo y esparcimiento. La forja de una cancha que hace honor a su historia.

Su desarrollo como club de golf competitivo nacional e internacional no se hizo esperar, convirtiéndose en una de las canchas más difíciles y escenario de un campeonato mundial aficionado, con la XIV Copa Simón Bolívar (95), y de un suramericano, cuando Venezuela fue sede de la Copa Los Andes en 1990. Asimismo, la competitividad de lzcaragua la llevó a realizar una serie de Campeonatos Nacionales, como el Nacional de Dobles del '84 y del '88, Nacional de Caballeros del '87, el Nacional Foursome (Dobles Matchplay) del '89, Nacional Matchplay el Nacional Senior del '90, Nacional Dobles Senior de '91, Nacional Pre-Senior del '92 y del '96, Nacional Padre e Hijo del '93 y del '96 y dos Nacionales Interclubes (94 y 97), además de una serie de Abiertos de Izcaragua (84, 85, 86, 87 y 92 ).

Venados, Babas, Garzas, culebras y perros de agua son sólo una muestra. No es un misterio para nadie la cantidad de animales de todo tipo que constantemente surgen de la nada, aparecen como parte del paisaje o simplemente se acercan para conocer más del golf que ahora los acompaña. Desde sus orígenes estas tierras siempre fueron ricas en fauna de una gran variedad, pasando por los mamíferos que incluyen por supuesto al tigre americano, conejos, lapas, entre otros. Las aves tal vez son las más numerosas, sólo que hay que estar atentos para realmente disfrutar su cantar y su colorido singular, destacando Guacharaca, los periquitos, el colibrí y cristofué, el querrequerre, la paraulata montañera, y el ave nacional, el turpial. Los reptiles los hay de tierra y de agua, estos últimos pueden ser devorados por aves del lugar sin el menor pestañeo, pero los primeros nos pueden dejar como una mariposa si es tigra, mejor evito ponerme como mapanare, si la coral nos puede poner el cascabel sin ser gatos. Y los que madrugan pueden ser sorprendidos por los múltiples hoyos en el campo que dejan los roedores que buscan alimento balo tierra.

Parque Nacional El Ávila es la frontera natural de Izcaragua. Mayoritariamente un bosque xerófilo y tropófilo, entre las que están el cují y el indio desnudo, además del copey, el jabillo, el araguaney y el bucare, pero también abundan las orquídeas por doquier.

Por lo que respecta a su fauna los expertos manifiestan que todavía se encuentran jaguares y tigre, zorros, perezas, cientos de ardillas, comadreja, picures, mono araguato o cachicamo. Todos ellos son los vecinos del norte.

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